PARTE I. COMPRA CONSCIENTE

 ¿Eres de los que vas al super y decides en el mismo momento qué comprar?

Entonces ya sabrás lo fácil que es comprar cosas que finalmente te hacen comer mal. Y es que ir al súper sin una idea clara o ir con los niveles de energía por los suelos, es crónica de un atracón anunciado.

Para que este artículo sea un antes y un después en tu vida, te animamos a coger lápiz y papel y hacer una rápida planificación o visión global de cómo organizas tus semanas de comida. Hacer el esfuerzo de escribir dónde y qué comerías en los próximos días puede ayudarte a descubrir si hay grandes errores en tu alimentación.

¿Tienes ya esta visión global de la semana?

Veamos los puntos más importantes de la compra consciente:

1. ¿Dónde compro y en qué condiciones voy a comprar?

Recuerda que hacer la compra es una batalla emocional. Aquello que ves puede despertar tu elefante y añadirlo sin sentido a la cesta, por tanto, trata de evitar las tiendas o los pasillos que son todo tentación. Es un consejo muy simple, pero el elefante no se altera con aquello que no ve.

Si vamos a hacer la compra al supermercado o hipermercado es difícil llegar a los pasillos en los que se encuentran los alimentos que queremos, sin tener que pasar por los postres, chocolates, patatas, snacks y ultraprocesados. Si vamos a coger una bolsa de verdura congelada estará rodeada de pizzas, lasañas y otros ultraprocesados. Si vamos a por las carnes, vemos que, rodeando a la carne fresca, hay 40 propuestas envueltas en plástico de fiambres y embutidos.

Dicho esto, tiene mucho sentido ir a una frutería a comprar frutas y verduras. Ir a la pescadería y carnicería a por carnes, huevos y pescados. Seguro que vamos a ahorrar muchas auto justificaciones tipo “me lo llevo por si acaso” o “me lo llevo para los niños”. Por tanto, hacer la compra en un mercado nos va a facilitar el tener buenas decisiones.

En general no debe ser un problema ir a un mercado, supermercado o hipermercado si tenemos una buena fuerza de voluntad, si estamos decididos en nuestros objetivos y planes y por supuesto, si somos personas con unos arraigados hábitos saludables. Además de esto, para hacer bien una compra, es importante llegar al lugar sin hambre, sin ansiedad y con la lista de la compra hecha para no improvisar y caer en la tentación.

2. Alimentos, procesados, ultraprocesados

Cuando hemos hecho la compra en el supermercado y vamos ya de camino a la caja, podemos hacer un ejercicio en el que visualizar todos los elementos de nuestro carro preguntándonos las siguientes cuestiones:

‘¿Cuántos alimentos hay?, ¿Cuántos procesados hay?, ¿Cuántos ultraprocesados hay?’

No tiene nada de malo el procesado de un alimento para obtener un producto procesado en el que pretendemos obtener algún beneficio. El problema es cuando ese procesado se aleja tanto del producto inicial que ni se parece.

3. ¿Qué son los alimentos?

Podríamos considerar aquí lo que llamamos materias primas, con mínimo procesado. Alimentos frescos. Huevos, carnes, pescados, legumbres, frutas, verduras, frutos secos, cereales (100% cereales), leche. Si nuestras compras tienen una mayoría de estos alimentos y menos del resto estaremos, con mucha probabilidad, en buen camino.

Además de estos alimentos, tenemos la posibilidad de adquirir determinados procesados. Alimentos a los que, de forma industrial (Sí, industrial, no hay que tenerle miedo ni rechazo a la palabra) se les ha aplicado un proceso con algún motivo (conservación, facilidad, mejor de componentes, cambios de textura beneficiosos, mejora de facilidades para su consumo, etc. Aquí tenemos por ejemplo los yogures, los frutos secos tostados, el aceite de oliva, las legumbres de tarro, salvado de cereal, conservas de pescado, bolsas de verduras congeladas, etc. Son productos que pueden formar parte de nuestra alimentación habitual sin problema alguno.

El problema es cuando entramos en terreno de lo ultraprocesado. Estamos llevando el alimento inicial a un extremo mayor, con adición de componentes menos interesantes. Aquí encontramos, todas las galletas, cereales de desayuno, refrescos, yogures azucarados, latas de conserva poco saludables, frutos secos fritos y salados, chocolates ultra-azucarados.

¿Te ha gustado este post? ¡Pues no te pierdas la segunda parte! (Leer la Parte II)

Seguimos caminando juntos hacia una mejor versión.